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Semblanza de Emilia Pardo Bazán

"Si en mi tarjeta pusiera Emilio, en lugar de Emilia, qué distinta habría sido mi vida".

Si Emilia Pardo Bazán hubiera llegado a este 2021 su pluma nos ayudaría a comprender muchos de los acontecimientos de estos últimos tiempos tan delirantes. Seguramente hubiera sido impulsora y parte del movimiento ‘Me Too’ y el (enésimo) renacer del feminismo. Su análisis periodístico podría ayudarnos a navegar en las convulsas aguas de la política ibérica. Y más de una novela y de un relato hubieran radiografiado el drama social y emotivo que ha traído consigo la pandemia por coronavirus.

Y es que esta mujer fue mucha Emilia. Gallega oronda, mujer rotunda, escritora, periodista, cuentista, catedrática, feminista… Pionera en muchos aspectos de su vida, autodidacta en muchos otros, intelectualmente curiosa, no se amilanaba ante nada, y en el ámbito literario se atrevió no solo con la novela, sino que brilló con luz propia en el periodismo, los cuentos, las crónicas de viaje, y la poesía, e incluso probó con el teatro.

Tan completa mujer nacía el 16 de septiembre de 1851 en Coruña (ciudad que en sus novelas identificará como Marineda). Su familia aristócrata le proporcionó las mimbres para desarrollar el enorme potencial que poseía: una vida más que acomodada en lo material (fue hija de condes) y una educación exquisita y cuidada en lo espiritual. Su padre le infundió el respeto por la mujer que la convertiría después en una feminista pionera, y su madre el amor por la literatura. Su juventud discurrió entre Madrid, la Coruña y el célebre Pazo de Meirás, escenarios de una formación que pocas mujeres de su época tuvieron el lujo de recibir.

                    Ilustración de Pardo Bazán, 'La vida contemporánea'

                    Ilustración del libro 'La vida contemporánea', de Emilia Pardo Bazán.

A los 16 años contraía matrimonio con José Quiroga y Pérez Deza, un marido joven y también noble con quien compartía el gusto por viajar y que respetaba sus inquietudes intelectuales. Junto a él recorre Europa y continúa escribiendo, sobre todo poesía, mientras que se estrena en la crónica periodística y el ensayo. A pesar de que en un principio considera a la novela un género menor, en 1879 publica Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina, de corte realista.

Más adelante su escritura virará hacia el naturalismo, corriente francesa que ella misma introduce en España con artículos periodísticos (reunidos en La cuestión palpitante) y títulos como Los Pazos de Ulloa o La Tribuna. Su defensa de este movimiento, considerado ateo y pornográfico, supuso un gran escándalo, le granjeó multitud de enemistades y la convirtió en una escritora rebelde y provocadora. A pesar de ello, y de su prolífica actividad literaria, no dejó de lado el periodismo y continuó colaborando con diversos medios hasta que en 1891 fundó su propia revista: Nuevo Teatro Crítico.

Divorciada y amante… en el siglo XIX

A nivel personal, los últimos años del siglo son convulsos para Doña Emilia. Se separa -amistosamente- de su marido, pierde a su padre, intensifica su lucha por la emancipación (económica, social y cultural) de la mujer, y comienza una relación (de apasionado amor al principio, y amistad después, principalmente epistolar) con Benito Pérez Galdós que mantendrán durante más de veinte años.

                    Ilustración de Isabel Ruiz Ruiz, de Pardo Bazán

                    Ilustración de Isabel Ruiz Ruiz, en su colección de 'Mujeres'.

A principios del siglo XX Emilia Pardo Bazán era ya una figura reconocida en España a nivel cultura, literario y social. En 1905 se convirtió en la primera mujer socia del Ateneo, y en 1908 Alfonso XIII le concedía el título de Condesa de Pardo Bazán, en reconocimiento a su trabajo en la literatura. En los siguientes años llegó a ser consejera de Instrucción Pública, socia de número de la Sociedad Matritense de Amigos del País y catedrática de Literatura Contemporánea de Lenguas Neolatinas en la Universidad Central.

El 12 de mayo de 1921, fallecía, a causa de una complicación con la diabetes, esta figura excepcional. Aunque fue reconocida en vida (retratada por muchos, entre otros Joaquín Sorolla) y en los días posteriores a su muerte (su entierro fue multitudinario, y acudieron incluso los reyes), desde las bibliotecas de Madrid aprovechamos el centenario de esta fecha para revisitar a una mujer que hoy en día seguiría marcándonos el camino.

 

 

 

 

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