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Paseo de la Virgen del Puerto

De las lavanderas al paisajismo del siglo XXI

Desde tiempos inmemoriales el rio manzanares ha estado unido a la imagen de la ciudad, constituyendo el único enclave en el que los madrileños podían lavar la ropa y que con el paso del tiempo se convertiría en un espacio lúdico en los meses de verano. Con la llegada de los borbones al trono español en el siglo XVIII, se inicia un proceso constructivo de embellecimiento de Madrid cuyo objetivo era conseguir que la ciudad adquiriera un aspecto más moderno. Los cambios urbanísticos comienzan en el reinado de Felipe V, siendo corregidor Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, marqués de Vadillo, y maestro mayor del ayuntamiento Pedro de Ribera que centraran sus trabajos en los accesos a la ciudad creando paseos para el embellecimiento de la misma, con alamedas y fuentes. Dentro de las obras emprendidas se encuentra el Paseo de la Florida, más conocido como paseo de la Virgen del Puerto.

               

El paseo tomó su nombre de la ermita homónima, virgen del Puerto, que había sido trasladada desde el puerto de Lisboa a Plasencia durante la invasión árabe y se había convertido en patrona de aquella ciudad. El marqués de Vadillo que era de origen placentino y gran devoto de la virgen, manda hacer una réplica de la imagen y financia una ermita en Madrid, donde posteriormente seria enterrado, le encargó el proyecto al arquitecto Pedro de Ribera en 1718. Otro de los cometidos de esta construcción era que las lavanderas del manzanares pudieran cumplir sus deberes religiosos. Es un edificio clave en el barroco madrileño con una planta centralizada, con cubierta de chapitel y en fachada con unas torrecillas con buhardillas concebida como un pequeño palacio, es un hibrido caprichoso, entre pabellón de jardín y ermita como las que existían en el palacio del Retiro. Al construirse la ermita, Pedro Ribera diseñó un paseo entre el puente de Segovia y final del campo del Moro (posteriormente puerta de San Vicente). Ribera diseñó una alameda, entre el río y el campo del moro con alineaciones de árboles y varias fuentes: dos en los extremos y una en el centro. La ermita enseguida se convierte en escenario de romerías populares.

El proceso de embellecimiento de los accesos a Madrid continúa con la llegada de Carlos III, paseos diseñados por el ingeniero militar Joseph Salcedo. Entre la Puerta de Toledo y la Puerta de Atocha, se abrieron bellos paseos plantados con alineaciones de árboles, con la intención de incorporar la ciudad al manzanares: Paseo de la Florida, los paseos de la Ronda de Atocha, Valencia y Toledo. Como motivo decorativo y que sirvió de remate al paseo de la Virgen del Puerto, Carlos III encargó a Francesco Sabatini, una puerta monumental para la entrada a la ciudad, desde el nuevo paseo de la Florida. La Puerta de San Vicente fue colocada en 1775 y Sabatini diseño para engrandecer el conjunto, una fuente en el área central, conocida popularmente como la de los mascarones. En 1890 la puerta fue derruida y en 1995 sustituida por una copia.

               

Se realiza un nuevo paseo central frente a la ermita, con forma de hipódromo perimetralmente arbolado, plantado de acacias, olmos y chopos, para facilitar el trabajo de las lavanderas, se diseñaron en la parte central lavaderos de madera.

Bajo el reinado de Fernando VII en 1816 se levanta el Puente del Rey para dar acceso desde Palacio Real hasta a la Casa de Campo, obra del arquitecto Silvestre Pérez. No se producen modificaciones importantes dentro del diseño del Paseo de la Virgen del Puerto. Durante el siglo XIX   el crecimiento de la población tiene como consecuencia un aumento considerable del grupo de lavanderas llegándose a contabilizar 4.000 y un centenar de lavanderías. En Madrid, un número elevado de mujeres, desde niñas a ancianas, no podían conseguir otro modo de vida mejor que dedicarse a lavar la ropa de la mañana a la noche, en la propia orilla del río Manzanares o en los lavaderos. En 1872 la esposa de Amadeo de Saboya, María Victoria, funda el asilo de lavanderas en el espacio que ocupaba la Fuente de los Mascarones, en la glorieta de la Puerta de San Vicente la para que estas dejaran a sus hijos menores de 5 años mientras realizaban su trabajo.

               

Los lavaderos del rio manzanares siguieron utilizándose hasta la primera mitad del siglo XX. Durante la guerra civil la ermita y el paseo quedaron derruidos, hasta que en 1945 se restauró la ermita y se sustituyó la imagen de la virgen. El paseo fue interpretado de una forma geométrica con parterres en zigzag y la zona que rodea la ermita con un parterre circular.

En el año 2005 el ayuntamiento convoca un Concurso Internacional de ideas para recuperar la ribera del Manzanares en el que se incorporarían los espacios liberados por el soterramiento de la M-30. El Proyecto dirigido por el arquitecto Ginés Garrido, formado por los estudios Burgos/Garrido, Porras/La Casta, Rubio/Álvarez–Sala, y los paisajistas holandeses West 8, resultó ganador del concurso, con una propuesta que tenía como objetivo la recuperación y la continuidad de los bosques próximos a Madrid, generando un sistema ininterrumpido de áreas verdes en la cual el río funciona como elemento vertebrador en la recomposición de un territorio hoy fragmentado.

               

El estudio de paisajismo West 8, integro el diseño dentro del proyecto general, basado en la geometrización espacial  y respetando algunos diseños de los años 50, pero la originalidad la mantuvo a través de unas fuentes que  evocan los antiguos lavaderos y que funcionan como un guiño a la utilización del espacio como lavadero de Madrid. La obra quedo finalizada en el 2011.

               

 

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