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Tetuán: un distrito de cine

Como si de un flashback cinematográfico se tratara, y para contextualizar el escenario donde se localiza la Biblioteca Manuel Vázquez Montalbán, nos remontamos a los orígenes de esta película, más de 160 años atrás.

Este distrito va ligado estrechamente a la ciudad marroquí y a la Batalla de Tetuán que otorgó la victoria al ejército español en la Guerra de África (1859-1860). Y cómo no, al asentamiento de las tropas españolas que acamparon a las afueras del norte de Madrid, a la espera de una entrada triunfal en la capital, que lamentablemente nunca sucedió.  Lo que debía ser un campamento provisional, se convirtió en permanente, creándose con el tiempo lo que vino a llamarse “Tetuán de las Victorias”.

 

Pero como no hemos venido a hablar de batallitas, sino de películas y de los lugares donde se proyectaron, volvamos a dar un salto en el tiempo para viajar a la década de finales de los 20 y comienzo de la década de 1930, cuando los cines dejaron de ser al aire libre y cuando comienza la edad dorada de estos espacios de ocio y cultura.

Por aquel entonces, Bravo Murillo, una de las calles más populares del noroeste, se convirtió en una vía repleta de cines de diferentes tamaños, llegando a contar con alrededor de 15 espacios en los que disfrutar del séptimo arte llegada la década de los 70 del siglo pasado.

 

Uno de los más importantes, el cine Europa o cinema Europa, diseñado por Luis Gutiérrez Soto, contaba con más de 2.200 localidades y llegó a ser la sala más grande de Madrid.  De exquisito estilo racionalista, fue escenario así mismo para actuaciones en directo, mítines políticos y encuentros de diversa índole. Imposible resumir, ni siquiera imaginarse, la multitud de historias que pudieron suceder a lo largo de tantos años entre sus paredes.  Por suerte, hoy sigue en pie, y aunque con un uso muy diferente al inicial, actualmente presenta un aspecto más cercano al edificio original tras las remodelaciones realizadas en 2021.  Otro de los más antiguos, el cine Chamartín, tenía un aforo de 1.000 localidades y estuvo en funcionamiento hasta finales de 1970. En este recorrido, no podemos olvidarnos de otra de las salas más importantes, el cine Tetuán, que presentaba una particular marquesina curva que envolvía de manera elegante la fachada en esquina y que remataba en una linterna donde se alojaba la cabina de proyección. Lamentablemente, fue demolido en 1980.

Había muchos más: Montija, Savoy, Samary, Carolina, Arizona, Murillo, Versalles, Sorrento, etc. Todos ellos contaban entonces con una única sala en la que se proyectaban dos películas en sesión continua. Los tetuaneros, como alguno de nuestros usuarios, acudían al cine para ver películas clásicas o alguna de vaqueros en sesión continua a 1,25 pesetas.

Por cercanía afectiva y geográfica con la Biblioteca Manuel Vázquez Montalbán, permitidnos que destacamos el cine Bellas Vistas, situado en el actual número 33 de la calle Francos Rodríguez.  Se trata de uno de los más queridos y añorados por los vecinos y por el público usuario de la zona. Aunque desapareciera hace ya muchos años, sigue siendo recordado por tratarse de una de las salas más asequibles y familiares del barrio. Un dato curioso y del que tenemos constancia gráfica*, es la imagen que recoge el estreno de la película Marcelino Pan y Vino, en diciembre de 1955 en esta sala.

Avanzaron las décadas, e igual que hubo una época en la que no decreció el afán por seguir dotando a Tetuán de cines durante varios decenios, hoy en día no queda ninguno en funcionamiento en todo el distrito. Los “Lido y Renoir”, fueron las últimas salas en desempeñarse como tal.

Lo que antaño fueron espacios de proyección, actualmente han sido reconvertidos en viviendas, salas de juego, supermercados o tiendas. Si bien no podemos revivir aquellos cines, desde nuestro rincón dedicado al séptimo arte, con la amplia colección de películas que alberga la biblioteca, seguimos reivindicando esos momentos de sueños y palomitas compartidas, y continuamos rememorando la emoción que se produce cuando se apagan las luces y nos dejamos llevar durante dos horas por la magia del cine.

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