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Beti Jai, mucho más que el último frontón de Madrid

Madrid recupera un espacio arquitectónico único, que nació para albergar partidos de pelota vasca y ha tenido más vidas de las que cualquiera creería. 

¿Qué tipo de edificio podría albergar un taller de coches, un vacunódromo, una cárcel, una fábrica, o un centro de ensayos de aeronáutica? En el número 7 de la calle Marqués de Riscal se esconde el Frontón Beti Jai, un auténtico superviviente urbano que ha tenido que adaptarse a todo tipo de situaciones, e incluso ha estado a punto de ser destruido, pero ha persistido y hoy se alza de nuevo orgulloso como uno de los lugares más visitados de Madrid. Conozcamos su historia:

A finales del siglo XIX se vivía en Madrid una auténtica fiebre por el “sport-vasco” o "juego de pelota moderno", como llamaban los diarios de la época al deporte de la pelota vasca. Tanto que se decía que en la ciudad había más pelotaris que toreros, y en una década se abrieron en la capital más de 20 frontones. El primero fue el Jai-Alai, en la plaza de Jacinto Benavente, y el cuarto fue nuestro protagonista de hoy, el Beti Jai, el único que (a duras penas) ha sobrevivido de esta época dorada de la pelota vasca en Madrid.

Se trata de un secreto latente y desconocido para la mayoría hasta hace muy pocos años. El edificio fue diseñado por Joaquín Ruicoba y Octavio de Toledo a imagen y semejanza del frontón homónimo de San Sebastián, del que también toma su nombre, que por cierto significa “siempre fiesta” en euskera. Pero desgraciadamente no se cumplió el augurio, y aunque en sus primeros años el edificio gozó de fama y actividad, su trayectoria no ha sido precisamente una fiesta.

En 1893 la Sociedad Arana, Unibaso y Cía. solicitaba al Ayuntamiento licencia para construir un edificio destinado a frontón reglamentario, con un ancho de cancha de 11 metros y una longitud de 67. Alrededor de la cancha se abría en semicírculo un vistoso graderío de estilo neomudéjar que podía albergar hasta 4.000 espectadores, en el que destacaban el forjado de las galerías y unas innovadoras vigas curvadas. Este cuerpo de gradas fue diseñado con forma de ‘xistera’, artilugio con el que se juega a la modalidad cesta punta de pelota vasca.            

Plano del frontón Beti JaiPlanos del frontón Beti Jai. / Memoriademadrid

Inicialmente el proyecto contemplaba tres plantas, pero durante la construcción hubo que desmontar la última, pues provocaba que la fachada perdiera su verticalidad. Por temor a tener problemas de seguridad, el edificio fue sometido a exhaustivas “pruebas de carga”, que se realizaban subiendo y bajando sacos, para confirmar una apertura segura.

Finalmente, el 29 de mayo de 1894 se inaugura “el Teatro Real de la pelota vasca”, como lo denominó algún que otro periodista, marcando un estilo propio en el deporte de moda. Como adelantaba el diario El Día, “en los trajes de los jugadores se introduce una innovación: gastarán camisas blancas, llevando en el lado derecho un escudo con las iniciales de los dueños del frontón: de esta suerte, aun quitándose la boina y el cinturón, podrán ser perfectamente conocidos”.

Información sobre la inauguración del Beti Jai en el diario El DíaDiario El Día. / Biblioteca Nacional de España.

Además de competiciones deportivas, el espacio acogía desde el principio otros eventos de muy diversa índole, como actuaciones del orfeón pamplonés, concursos de hípica, mítines políticos o prácticas de la Escuela Militar Particular (después Escuela Militar Madrileña). 

El primer dron “voló” en el Beti Jai

Pero sin duda lo más destacado, el uso más excepcional del frontón de Chamberí, muy por encima del uso deportivo, fue que la instalación entre 1904 y 1906 del Centro de Ensayos de Aeronáutica de Leonardo Torres Quevedo. Este genial inventor, ingeniero y científico fue precursor de la inteligencia artificial y realizó en la cancha del Beti Jai las pruebas del Telekino, precursor del concepto «mando a distancia» en general, y el de «dron», en particular. El frontón también fue la sede donde diseñó y construyó la envuelta del primer dirigible de su sistema autorrígido, que triunfaría en los años de la I Guerra Mundial en las Armadas de Francia, Reino Unido, Rusia, EE.UU. y Japón.

Pero la gloria le duró al Beti Jai poco más de una década, pues los madrileños fueron perdiendo la afición por la pelota vasca, entre otras cosas por la frecuente y conocida corrupción en las apuestas y el amaño de los partidos. En 1919 rebotaban en la cancha las últimas pelotas, y a partir de ahí se acabó la fiesta. Al Beti Jai no le quedó más remedio que adaptarse a usos más humildes y pragmáticos que aquellos para las que fue proyectado. Su destino principal en el siglo XX sería el de venta, depósito y servicios para automóviles. Los palcos a pie de cancha del que fuera el templo del deporte de moda en Madrid se convirtieron en taller de chapa y pintura, y las gradas fueron cegadas para instalar oficinas.

 Interior del frontón ocupado por un taller de coches.Interior del frontón ocupado por un taller de coches. / Martín Santos Yubero, en el Archivo Regional de la CAM.

Algunos datos apuntan a que durante la Guerra Civil funcionó como comisaría y cárcel, aunque la información es confusa y podría ser que se refiera a la ‘checa’ instalada en la misma calle, pero en el número 1, o incluso con la cárcel que sí se instaló en el frontón Beti Jai de Logroño. Después sería fábrica de escayolas, almacén de la cadena de cervecerías La Cruz Blanca, estudio de grabación, fábrica de pegamentos… Durante algunos años albergó incluso viviendas y en 1963 se convirtió el dispensario del distrito de Chamberí para la campaña de vacunación infantil contra la poliomielitis.

En los años 70 nace una nueva sensibilidad hacia la enorme cantidad de edificios históricos que desaparecen bajo el afán inmobiliario, y en 1977 el COAM (Colegio de Arquitectos de Madrid) impulsa la incoación de expediente para conseguir la declaración de Monumento Nacional para el Beti Jai, aunque fracasó. El (largo) camino hacia la protección avanza y en 1991 se inician los trámites para la declaración de BIC (Bien de Interés Cultural). A pesar de ello, durante la década de los 90 el Beti Jai tendría que superar nuevas amenazas, pues la especulación inmobiliaria se fijó en él y pudo haber llegado a ser un bloque de oficinas, un hotel o unas pistas de squash. Entre idas y venidas, estuvo okupado un tiempo y el abandono llego a ser tan patente que prácticamente creció un bosque en su interior.

 Interior del frontón, deteriorado y ocupado por la vegetación.Interior del frontón, deteriorado y ocupado por la vegetación / Ayuntamiento de Madrid

En 2009 se constituye la Plataforma Salvemos el Frontón Beti-Jai de Madrid, para poner en valor el edificio, divulgar su existencia, y solicitar su restauración. Dos años más tarde llega por fin la declaración de BIC (Bien de Interés Cultural) por parte de la Comunidad de Madrid, y en 2015 el Ayuntamiento finaliza el proceso de expropiación y adquiere el frontón. Desde entonces se ha restaurado y recuperado la mayor parte del espacio, que desde 2019 (año de su 125 aniversario) es visitable. Actualmente las obras del interior del frontón están paradas por temas de seguridad, pero la intención del consistorio es darle al Beti Jai una nueva vida como espacio cultural. Una más de todas las vidas del último frontón de Madrid.

 Cancha del frontón en la actualidad.Cancha del frontón en la actualidad.

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