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El Nevero de Conde Duque

¿Sabes lo que es un nevero? ¿Y sabías que el único existente en Madrid se encuentra a pocos metros de nuestra Biblioteca Benito Pérez Galdós? Te lo contamos a continuación.

El mantenimiento en buen estado de los alimentos ha sido desde tiempos inmemoriales uno de los grandes retos de la humanidad. Si nos centramos en Madrid, las primeras noticias que encontramos sobre consumo de hielo se remontan a finales del siglo XVI, circunscritas a satisfacer la demanda de productos fríos y refrescos de la Casa Real, un auténtico lujo en esa época.

Habrá que esperar a 1607 para que tal práctica empiece a extenderse al resto de los madrileños. En efecto, en dicho año, una vez vuelta la Corte de forma definitiva a Madrid tras un paréntesis en Valladolid (1601-1606), el consiguiente aumento demográfico que implicó aceleró el recurso a los llamados pozos de nieve, con objeto de paliar el problema de suministro de dicho producto, vital tanto desde el punto de vista alimenticio como sanitario.

Así las cosas, la nieve pronto se convertirá en un atractivo y pingüe negocio. Con el fin de garantizar el servicio, la Corona decide en 1607 ponerlo en manos de particulares para su explotación. Es por entonces cuando se funda la Casa Arbitrio de la Nieve y Hielos del Reino.

La compañía adjudicataria se comprometía a hacer llegar el producto hasta la capital desde distintos puntos de la Sierra de Guadarrama mediante su acarreo en mulas y carretas e introducirla por el único punto autorizado para ello en la Corte, ubicado en las inmediaciones de la actual glorieta de Bilbao.

Imagen 2. Detalle del plano de Pedro Texeira de 1656 en el que se observa resaltada la puerta de los Pozos de la Nieve, por donde esta entraba en la Corte, y, a la derecha, marcado con el número 105, el lugar exacto en el que aquellos se ubicaban.

Una vez en la capital, la nieve se almacenaba en pozos subterráneos de planta circular, revestidos en su interior de mampostería y rematados por una cúpula y se prensaba formando capas de hielo separadas con paja u otros vegetales para así ganar espacio y conservarla más tiempo en forma de hielo. Ya en verano, este se cortaba en bloques y se distribuía para su venta a lo largo y ancho de la geografía madrileña.

Estos pozos, que podríamos llamar oficiales, convivían con otros estratégicamente localizados en su mayoría en inmuebles propios de la Corona, el clero, la aristocracia o, como en el caso que nos ocupa, el Ejército.

Hablamos, en efecto, del conocido como nevero de Conde Duque, el único en la capital que ha pervivido hasta nuestros días. Su existencia es, según algunas fuentes, anterior a la del propio cuartel, construido a partir de 1717 para albergar a las Guardias de Corps del primer Borbón que reinó en España, Felipe V, siguiendo las trazas del arquitecto madrileño Pedro de Ribera.

Todo indica que el de Conde Duque formaría parte de una red de pozos similares ubicados en las cercanías de la glorieta de Bilbao (actuales calles de Fuencarral, Barceló, Apodaca y Mejía Lequerica) controlada por la empresa concesionaria.

La fresquera en cuestión se halla en el extremo noroeste del cuartel y, desgraciadamente, no puede ser visitada por motivos de seguridad. Pese a ello, nos queda el magnífico testimonio que nos sirve la Biblioteca Digital Memoria de Madrid para hacernos una idea, disponible en el enlace que abajo proporcionamos.

Imagen 3. Detalle de la planta del cuartel de Conde Duque según el proyecto de restauración y adaptación presentado en 1982 por el arquitecto Julio Cano Lasso. A la derecha, junto al patio norte del complejo, aparece pintado en rojo el sitio en el que se halla el nevero, que corresponde aproximadamente al actual parque que da a la calle de Santa Cruz del Marcenado. Imagen digitalizada por Memoria de Madrid.

La industria del hielo y la nieve, sobrevive en estas condiciones hasta 1863, fecha del cierre de la Casa Arbitrio, consecuencia de la introducción de una serie de innovaciones para un mejor mantenimiento del frío: procesos químicos, neveras eléctricas o fábricas de hielo, como la utilizada desde 1888 por la cervecera Mahou, ubicada en la calle de Amaniel, a pocos metros de Conde Duque.

El viejo edificio militar dejó de tener tal función tras una azarosa existencia (incendios, bombardeos, amenazas de derribo…), al pasar a manos municipales en los años 80 del siglo pasado y convertirse en uno de los grandes contenedores culturales de la ciudad. Sus tres patios acogen instituciones culturales y de la memoria del Ayuntamiento capitalino tan relevantes como el Archivo de Villa, las bibliotecas Musical, Histórica, Digital y Técnica, nuestra Benito Pérez Galdós, la Hemeroteca Municipal, el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid y otros espacios expositivos y artísticos de primer orden.

Ojalá que algún día semejante oferta pueda ampliarse al nevero objeto de estas líneas.

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