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Fernando, misionero en Madrid

El pasado mes de junio, cerca de 75 personas se acercaron a la Biblioteca Gabriel García Márquez para disfrutar de la presentación del libro, coincidiendo con el 50 aniversario de la muerte de Fernando.

El libro, escrito por Cristina Ortiz y Gonzalo Ortiz, nació a partir de una iniciativa para reunir testimonios sobre la vida de Fernando, un joven marianista fallecido prematuramente en 1976 a causa de una meningitis. La obra recoge recuerdos de familiares, amigos, compañeros de colegio, antiguos scouts y vecinos de Orcasitas, destacando su implicación con los más necesitados y su intensa labor social en el barrio. Durante la presentación, iniciada por su hermana, Cristina, se puso en valor su legado humano, social y comunitario en Orcasitas. Quienes le conocieron recuerdan a una persona cercana, inteligente, deportista, amante de la naturaleza e implicado en la realidad de su tiempo, que dedicó gran parte de sus energías a mejorar la vida de las personas más vulnerables del barrio.

Hay quienes trabajan para dejar huella a través de las obras que han realizado en el pasado, y hay quienes imprimen huella a través de lo vivido en el día a día, Fernando estuvo en el segundo grupo. Su historia nos muestra un chico que convirtió la cercanía, la solidaridad y la generosidad con los demás en la forma de vida del día a día. Contribuyó activamente a iniciativas sociales para mejorar las condiciones de vida de sus vecinos. Participó en los movimientos sociales de vivienda, apoyó las actividades del colectivo juvenil, tuvo presencia constante en la vida parroquial y en la vida del barrio de Orcasitas. Todo ello en una vida corta, pero intensa, que se truncó demasiado pronto, cuando aún empezaba a desarrollar un camino hacia su vocación del servicio.

La presentación del libro fue un acto entrañable. No fue solamente un acto cultural sino un acto de divulgación y, al mismo tiempo, un acto de memoria colectiva y un reencuentro de amigos, conocidos y compañeros de colegio. En las líneas de la obra, acompañada de fotografías de la época, encontramos un mosaico de recuerdos y testimonios que permite conocer a Fernando desde múltiples miradas. Cada anécdota aporta una pieza diferente de una personalidad marcada por la generosidad y por una fe vivida de manera práctica, a pie de calle, junto a las personas que más apoyo necesitaban.

Cincuenta años después de su fallecimiento, la aparición de 'Fernando, misionero en Madrid' y su muestra en Usera evidencian que hay ciertos legados que no tienen que ver con el tiempo. Fernando sigue estando presente en las personas que compartieron con él aquellos años y en las que descubren su historia en la actualidad. La suya es la memoria de un joven que consideró la misión no como una expedición distante sino como la tarea diaria de transformar el barrio, a través de la amistad, de un compromiso y/o de entregarse a los demás. La calle Fernando Ortiz, en las inmediaciones de nuestra biblioteca, es un homenaje póstumo a su memoria.

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