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La biblioteca sumergida: de casa de baños a centro cultural

La Casa de Baños de la Guindalera, ahora Centro Cultural Buenavista y Biblioteca Pública Municipal David Gistau

El edificio que hoy da cobijo a los libros de la biblioteca David Gistau no siempre fue un espacio dedicado a la cultura. En pleno barrio de la Guindalera, existió durante décadas un lugar muy distinto: la Casa de Baños de la Guindalera, un equipamiento vinculado a las políticas higienistas que marcaron la modernización de Madrid en el primer tercio del siglo XX.

Su construcción se sitúa entre 1930 y 1932, en la entonces calle Julián Marín —actual Avenida de los Toreros—, su inauguración tuvo lugar en 1935. El proyecto se atribuye al entorno de arquitectos municipales, entre ellos José de Lorite y Kramer.
El edificio se enmarca en la red de casas de baños impulsadas por el Ayuntamiento de Madrid en el primer tercio del siglo XX, destinadas a garantizar el acceso a la higiene pública.

Durante la República se desarrolló esta red de equipamientos en distintos puntos de la ciudad. Además de la Casa de Baños de la Guindalera, se construyó otra en la calle Bravo Murillo, mientras que en la plaza de la Cebada existía una tercera que con el tiempo sería derribada. De este modo, el edificio de la Guindalera formaba parte de un proyecto urbano más amplio, orientado a mejorar las condiciones de vida de la población.

Este conjunto de iniciativas no estaba aislado, sino que se insertaba en un entorno urbano en plena transformación. Muy cerca de la Casa de Baños se encontraba también la Casa Cuna de Nuestra Señora de las Mercedes, otro equipamiento asistencial destinado a la atención de la infancia más vulnerable. Ambos edificios reflejan una misma preocupación social: mejorar las condiciones de vida de los sectores más desfavorecidos, ya fuera a través de la higiene o del cuidado.

En este contexto, la Casa de Baños se convirtió en un espacio imprescindible. De estilo racionalista, el edificio se organizaba en tres pabellones diferenciados para hombres y mujeres, con duchas, salas de baño y piscinas cubiertas. Allí, donde hoy se encuentran libros y un lugar para la lectura, resonaban entonces el agua, el vapor y la vida compartida de un barrio en transformación.

La Guerra Civil supuso una interrupción difícil de reconstruir en detalle, pero el edificio continuó activo en los años posteriores. Sin embargo, el desarrollo urbano acabaría por volverlo innecesario: con la llegada del agua corriente a los hogares, estos espacios fueron perdiendo su función hasta quedar en desuso.

A comienzos de los años ochenta, el Ayuntamiento decidió recuperarlo. La rehabilitación, llevada a cabo entre 1982 y 1983, lo transformó en el actual Centro Cultural Buenavista, incorporando una biblioteca pública inaugurada en 1984.

 

 

Hoy, ese pasado sigue presente de forma casi invisible. La biblioteca ocupa uno de los antiguos espacios de las piscinas, conservando parte de su estructura original. Es, en cierto modo, una biblioteca sumergida: un lugar donde, bajo la calma de la lectura, perdura la memoria de un edificio que antes estuvo dedicado al cuidado físico de sus vecinos, y que hoy se ha transformado en un espacio para el conocimiento y la vida cultural.

 

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