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Formación

Desde edad bien temprana, manifestó gran entusiasmo por la lectura, afán que sus padres veían con muy buenos ojos.

Como ella misma reseña en sus Apuntes autobiográficos, “Era yo de esos niños que leen cuanto cae por banda…, de esos niños que pasan el día quietecitos en un rincón cuando se les da un libro… Obra que cayese en mis manos y me agradase, la leía cuatro o seis veces…”, sin importar que fuesen obras de autores clásicos como Ovidio, Plutarco, Platón, etc.

A la edad de catorce años se me había permitido leer de todo, historia, poesía, ciencias, novelas de Cervantes y letrillas de Quevedo”.

Sus gustos e ideas fueron evolucionando a lo largo de su trayectoria vital y de sus numerosos viajes, llegando a leer poesía y novela que “su severidad juvenil había desdeñado”. “Como leía más en idiomas extranjeros que en el propio, comencé por los Novios de Manzoni, seguí por Walter Scott, Jorge Sand, Víctor Hugo…”.

Hoy cometo la tontería de ponerme muy hueca recordando que los tres libros predilectos de mi niñez, y esto sin que nadie me encareciese de propósito su valor, fueron la Biblia, el Quijote y la Iliada”.

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