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3. Madrid durante las Cortes de Cádiz

En torno a la Constitución de 1812

Madrid se encontraba en aquellos momentos  bajo la ocupación francesa y atravesaba momentos difíciles.  La carestía a que dio lugar  la  guerra, tanto por la insuficiencia de la producción como por el colapso del sistema de suministros y la necesidad de mantener un gran ejército de ocupación, provocó en la villa una de las mayores hambrunas de su historia, la de 1811. Esta situación  queda reflejada en el himno de autor anónimo, firmado bajo las iniciales M.L.M.P., El hambre de Madrid padecida en el último año de la dominación de Bonaparte por los habitantes de este heroyco pueblo. En el estribillo, unas coplas cantan: «Nada de esto rinde /Esto si que adula / Al fiel madrileño / Que del corso el ceño / Sabe despreciar».

            El Ayuntamiento, que había cumplido una función mediadora cooperando con los franceses en la administración de la ciudad por un lado,  y, por otro, haciéndose cargo de las funciones de gobierno tras la salida de Madrid de José Bonaparte después de la derrota francesa en Arapiles el 22 de julio, defiende con esta súplica la valía y honradez de sus funcionarios durante la ocupación francesa: Representación dirigida a las Cortes generales y extraordinarias por el Ayuntamiento Constitucional de Madrid en favor de los empleados por el gobierno legítimo, anterior al del Rey intruso, que continuaron en tiempo de éste sirviendo sus respectivos destinos. Impreso en la Imprenta de Repullés, es un documento del Archivo del Ayuntamiento, fechado el 23 de octubre de 1812, que, como reza una nota de advertencia, si no es por una «feliz casualidad que lo ha puesto en manos de sus editores...hubiera quedado sepultada para siempre...»

El siguiente documento, redactado por el segundo Procurador Síndico del Ayuntamiento, Pedro Vicente Soldevilla, agradece Al Pueblo de Madrid, a la ciudadanía madrileña, el reconocimiento que han hecho de la labor del Ayuntamiento durante la ocupación: «Heroico vecindario: los regidores municipales te ofrecen una voluntad y gratitud perpetua y te aseguran por mi voz que sus únicos deseos son los de emplearse siempre y de sacrificarse, si fuese necesario, en tu obsequio...»

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