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'Un neurocientífico en el Museo del Prado', de Fernando Giráldez

Autor: Fernando Giráldez

Encuéntralo en: 75 GIR

Recomendado por la Biblioteca Eugenio Trías

Kant afirma, en algún momento de su Crítica a la Razón Pura, que no cabía duda de que todo nuestro conocimiento procede de la experiencia, lo cual no quiere decir otra cosa que la capacidad de conocer no se despierta sino a través de aquello que pasa en nuestros sentidos. Pero para que esto sea así, estos han de cumplir una labor que dista de ser inocente. Y es que la evolución ha configurado en nuestra especie un sistema donde, por un lado, la experiencia sensible viene caracterizada por unos sentidos que se han especializado en captar una parte limitada de aquello que nos rodea y, por otra, en la forma en que codificamos esa información, es decir, en lo que ocurre en nuestros cerebros con esa información parcial que recibimos. 

Desde este punto de vista, la realidad se difumina al convertirse en una creación, por muy fiel que sea al mundo circundante. Fernando Giráldez, neurocientífico, juega continuamente en este libro con este fenómeno creativo que se produce en nosotros, y lo hace aplicándolo a algo tan concreto como la experiencia estética que produce la contemplación pictórica de los grandes maestros clásicos, y más específicamente, de la que se puede encontrar en el Museo del Prado.

Giráldez aprovecha para hacer un recorrido histórico sobre la evolución de la pintura con sus diferentes tendencias y descubrimientos técnicos que indagan en esa manipulación sensorial de la que estamos afectados. Y, como es obvio, dada la materia de la que se trata, la vista es la protagonista primaria de este juego de dos patas al que habría que incluir una tercera, que es la emoción subyacente a modo de resultado final, es decir, la que está asociado al arte, a esa sublimación que es la experiencia estética en mayúsculas. Los contornos, los colores, los trazos gruesos, el incluso pintar con los dedos del Tiziano más maduro, hacen el milagro de que, desde un plano, el lienzo, se cree la magia tridimensional, esa ilusión óptica que se nos muestra espontáneamente y sin esfuerzo. Como dice el propio Giráldez, los grandes maestros de la pintura han logrado intuir las reglas que gobiernan nuestra mirada, en algunos casos simplificándola de manera idealizada o esquemática; en otros haciéndola más ambigua y forzando el trabajo de nuestras neuronas. 

 

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