Reportajes
El único tesoro de la Iglesia
La familia imperial, los grandes duques y los aristócratas rusos, cuando, antes de la guerra, salían por el mundo, no solo derrochaban su dinero en cabarets y salas de juego, sino que fundaban iglesias. Todos los lugares de placer de Europa están sembrados de templos ortodoxos rusos creados y enriquecidos con fuertes donativos por la corte zarista; hay magníficos templos rusos en la Costa Azul, en parís, en Bruselas, y en las estaciones termales y los balnearios de Alemania y Austria.
Ahora. Madrid, 18 de febrero de 1931