Libros instructivos y recreativos en la Biblioteca Histórica

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Uno de los objetivos de la biblioteca pública es desempeñar un papel esencial en la educación y formación de todos los ciudadanos, fomentando los hábitos de lectura, el desarrollo de la creatividad y asumiendo una importante labor en el desarrollo del tiempo libre.

Es decir, la biblioteca pública debe garantizar una oferta integral en información, formación, ocio y cultura.

A lo largo del siglo XIX surge una corriente dedicada a publicar libros instructivos y útiles destinados a la divulgación y a facilitar el acceso a la ciencia de manera sencilla y amena.

Se publican títulos y colecciones bibliográficas para el desarrollo personal, profesional y doméstico de los lectores, que se convierten en elementos de consulta y formación permanentes.

En las bibliotecas públicas, los bibliotecarios debían atraer y orientar a los usuarios explicándoles el contenido de los catálogos y enseñándoles, en ocasiones, que su oficio se llamaba agricultura o avicultura y que podía encontrar información al respecto en los diferentes libros de la biblioteca.

El incremento de lecturas instructivas y útiles se asienta y acelera en las primeras décadas del siglo XX gracias al aumento de la demanda de este tipo de publicaciones en una sociedad cambiante y en continuo progreso como era la sociedad del momento.

Se trata de libros que en su portada declaran su carácter práctico y divulgador dirigidos tanto al público en general como a los oficios particulares. Las expresiones "guía práctica", "manual práctico", "para aprendices", "para aquellos sin grandes conocimientos", "para estudio privado",... son habituales.

Tampoco faltan aquellos libros orientados y adaptados siguiendo los programas oficiales en vigor, incluso con un concepto moderno de las enseñanzas autodidactas y a distancia, ya que incluyen "auto-exámenes" y sus respuestas, dando además instrucciones de cómo realizarlos.

El objetivo era doble:

1. Formar una colección de libros modernos, amenos e instructivos y alejar a la biblioteca del mero depósito de libros antiguos y manuscritos, accesible sólo para una élite intelectual.

2. Acercar el libro a las clases populares, formadas por artesanos y trabajadores de distintos oficios, así como a estudiantes cuyas familias no podían pagar determinados libros.

La procedencia de las obras expuestas es suficientemente elocuente: Biblioteca Escolar del Ayuntamiento; Bibliotecas Públicas de Vallecas, Tetuán o Latina; otras donadas por la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros (1932-1937).

Se intentaba formar una biblioteca con un fondo útil a las necesidades formativas de la población donde se ubicaba.

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