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Palabras Pétreas y paseos por las calles de Tetuán

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En el pequeño jardín de la Biblioteca Pública Municipal Manuel Vázquez Montalbán, del distrito de Tetuán, hay un pequeño grupo de libros de piedra que forman un monumento llamado Palabras Pétreas en recuerdo del poeta Leopoldo de Luis.

Aunque nació en Córdoba en 1918 y vivió en Valladolid hasta los diecisiete años, se vino a vivir a Madrid poco tiempo antes de comenzar la Guerra Civil. Se alistó en el Batallón Pasionaria del Quinto Regimiento republicano y trabó amistad con Miguel Hernández. Al finalizar la contienda estuvo preso en el Campo de Gibraltar. Tras su liberación, trabajaba en una compañía de seguros y empezó a publicar poemas en algunas revistas como Revista de Occidente. Durante varias décadas recorrió las calles de Tetuán, pues vivía en la calle Pamplona, muy cerca de nuestra biblioteca. En 1979 ganó el Premio Nacional de Poesía; en 2003, el Nacional de las Letras Españolas y falleció el 20 de noviembre de 2005. No tuvimos la suerte de que pudiera visitar la biblioteca, pues falleció un año antes de su apertura.

El Ayuntamiento de Madrid, para recordarlo, puso una placa en la fachada de la casa donde vivió en la calle Pamplona y le dedicó una plaza cercana en el mismo distrito de Tetuán. El monumento que ahora está en la biblioteca Manuel Vázquez Montalbán desde el año 2013, se ubicó en un primer momento en dicha plaza, pero se decidió trasladar para evitar cierto grado de vandalismo que sufrió en ella.

Todos los años el Distrito de Tetuán convoca el Certamen Literario Leopoldo de Luis, que va ya por la décimotercera edición.

No solo paseó por estas calles Leopoldo de Luis, sino que también lo hizo el escritor José Manuel Caballero Bonald. En 1963, después de trabajar un tiempo en Colombia como profesor universitario, regresó a Madrid y compró un piso en la calle de María Auxiliadora, muy cerca también de la Biblioteca Manuel Vázquez Montalbán. En esa casa, en la que vivió hasta su muerte, se celebraron reuniones clandestinas del Partido Comunista a pesar de no estar afiliado. El edificio se encuentra frente al cuartel de la Policía, pero nunca se acobardó.

Nació en Jerez de la Frontera, Cádiz, en 1926 y fue en 1951 cuando se vino a vivir a Madrid. Al principio, la ciudad le parecía un laberinto, pero poco a poco se fue integrando en la rica vida cultural de la capital y le encantaba frecuentar el Café Gijón.

En sus memorias, cuenta su primer contacto con la Dehesa de la Villa, uno de los grandes parques madrileños con el que nos topamos si seguimos caminando por la calle Francos Rodríguez, según se sale de nuestra biblioteca hacia la izquierda. Se desplazó hasta allí con una compañera de estudios en “un tranvía estrepitoso que cubría el trayecto entre la glorieta de Quevedo y el suburbio de Peñagrande”, allá por los años cincuenta, cuando todavía en la Dehesa se podían ver restos de las trincheras de la guerra.

Mientras ganaba numerosos premios por su poesía y sus novelas, entre ellos el Nacional de las Letras Españolas (2005), el Nacional de Poesía (2006) y el Cervantes (2012), paseaba por la Dehesa de la Villa, que consideró un refugio inspirador, y por las calles de Tetuán. Y lo hizo hasta su muerte en mayo del año pasado (2021).

Y no queremos dejar de nombrar a María Moliner que vivió en la calle Moguer, a trescientos metros de nuestra biblioteca, desde 1970 y hasta su muerte en 1981. Ella nació en 1900 en Paniza, Zaragoza, pero enseguida se vino a estudiar a Madrid. Fue Archivera y Lexicógrafa, y además bibliotecaria, lo que nos gusta todavía más. Sus trabajos le llevaron a Simancas, a Murcia y a Valencia. Durante la República y la Guerra Civil, se implicó muy activamente en la política bibliotecaria nacional. Después de la contienda consiguió regresar a Madrid en 1946, tras una temporada apartada debido a sus ideas. Fue la directora de la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales. Su famoso diccionario lo terminó viviendo ya en nuestro distrito de Tetuán, así que nos hace ilusión pensar que anduvo por las calles cercanas a nuestra biblioteca con la mente llena de palabras y sus significados.

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