Ramón Gómez de la Serna

"Cuando anuncian por el altavoz que se ha perdido un niño, siempre pienso que ese niño soy yo"

Gómez de la Serna, o mejor Ramón sencillamente, como a él le gustaba que le conocieran, es una figura fundamental de la literatura española de inicios del siglo XX y de la vida cultural capitalina de esta época.
Pertenece a la llamada generación del 14 o novecentistas, grupo de intelectuales y escritores, que, a diferencia de la anterior generación, la del 98, preocupada por la realidad española y su acuciante problemática, se alimenta esta corriente renovadora de tendencias europeístas y aperturistas, introduciendo en España nuevas ideas y vanguardias, impulsando el avance científico y la modernización del país.
Grandes figuras acompañan a Ramón en estos nuevos aires: Ortega que marca los inicios de este movimiento con su conferencia "Vieja y nueva política", literatos como Juan Ramón Jiménez, Ramón J. Sénder, o Gabriel Miró, médicos como Marañón, músicos como Falla, pintores como Gutiérrez Solana y, por supuesto, mujeres, como Carmen de Burgos, Margarita Nelken, Victoria Kent o Clara Campoamor.
En este nutrido y deslumbrante grupo de intelectuales, Ramón destaca como pionero del vanguardismo en nuestro país, por su personalidad polifacética y extravagante, arrolladora en grado sumo, que lo convirtió, además de en una figura literaria de primer orden, en un personaje famoso en el Madrid de los locos y felices años 20.
Merecen la pena unos breves apuntes sobre la interesante vida de Ramón: nació en 1888 en Madrid, en una acomodada familia cuyo padre tiene pretensiones políticas, por lo que tras unos años en Palencia retornan a Madrid cuando es nombrado diputado. Por tradición familiar precisamente, Ramón cursará Derecho aunque no llegará jamás a ejercerlo, por el contrario, desde muy joven, manifiesta interés por la literatura y el periodismo, en el que se inicia tempranamente.
Fundamental, le resulta su primer viaje a París, que le provoca una fascinación absoluta. Sus publicaciones en Prometeo, una revista fundada por su padre, se orientan siempre a introducir la modernidad que conoció en la ciudad del Sena.
Frecuenta tertulias y se inician sus actividades culturales sorprendentes y rupturistas, que a menudo provocan escándalo y rechazo, tildado de iconoclasta, blasfemo y anárquico. Conoce en esta época a Colombine, Carmen de Burgos, intelectual, periodista y luchadora feminista injustamente olvidada, como muchas mujeres de la época.
Con ella iniciará una relación amorosa que se rompe tras 20 años juntos, pero nunca dejarán de ser amigos. Colaboraron juntos en la revista Prometeo, escribieron, viajaron y evolucionaron juntos. Escandalizó en Madrid la diferencia de edad de la pareja, ya que Carmen era 20 años mayor que Ramón, algo nada usual en la época.
Una episodio amoroso entre Ramón y la hija de Carmen enturbió y finalizó irremediablemente la relación, además destrozó a la periodista para siempre, que ya nunca se repuso de la tristeza que le supuso la traición de estas dos importantes personas en su vida.
En 1914 funda la conocidísima Tertulia del Pombo, que alcanzó fama europea y se celebró todos los sábados hasta el año 1936. Un tremendo éxito al que Ramón denominaba "La Sagrada cripta del Pombo". El autor recibió un sonado Homenaje de multitud de intelectuales en el Lhardy, lo que supuso toda una noticia en Madrid.

                
Tertulia del Café Pombo, 1920. G. Solana. M

De nuevo en París conoce a la que será su pareja hasta su muerte, Luisa Sofovich, con ella vuelve a Madrid y empieza su etapa vital más triste. Desengañado, con problemas económicos y Luisa enferma, al comenzar la guerra Gómez de la Serna se exilia en Argentina y con la ayuda del poeta Oliverio Girondo reinicia su actividad. Colabora desde allí con Arriba, periódico falangista, e incluso vuelve a España invitado por Franco en 1949. Es un triste viaje del que regresa aún más desengañado y pesimista, en 1963 muere en Buenos Aires debido a un cáncer. Sus restos descansan en el Panteón de los hombres ilustres junto a su admirado Larra.
De la figura de Ramón nos ha quedado su extensa obra, que va desde el costumbrismo, como su libro sobre el Rastro, sus numerosas biografías como la de Apollinaire o Vallé Inclán y sobre todo la suya propia Automoribundia (original desde el propio título), artículos periodísticos, teatro, novela, ensayos como "Ismos", y sobre todo su creación literaria más conocida: las Greguerías, que como el mismo definió son la suma de la metáfora con el humor.
Son sentencias breves e ingeniosas en las que la realidad es vista desde el singular y sorprendente prisma del autor, de las cuales publicó a lo largo de su vida varias colecciones, que a veces él mismo ilustraba.
"El libro es un pájaro con más de cien alas para volar"
Las greguerías por sí solas definen bastante bien la visión del mundo de Ramón, pero multitud de anécdotas completan el retrato de este singular autor, como sus sorprendentes conferencias en las que a veces se comía una vela o aparecer en la presentación de uno de sus libros subido en un elefante. Su intención siempre era de la de desconcertar y sorprender, quizá por ello compartió con Chaplin ser nombrado miembro del la Academia Francesa del Humor y la Unión Radio llegó a instalarle en su despacho un micrófono para que emitiera desde allí sus "greguerías onduladas", cosas completamente inusuales en la época.

                

Pero si queremos conocer un poco su personalidad, su despacho del Torreón de Velázquez es una clara muestra, un auténtico gabinete de maravillas, donde Ramón se rodeó de multitud de objetos curiosos: collages en paredes, espejos cóncavos y convexos, una muñeca de cera, faroles, bolas de cristal, la rana gigante su colección de cachimbas...Este desmedido afán por el coleccionismo de cosas humildes, según el propio Ramón, enloquecería a un murciélago.
Excelente ocasión de acercarnos a este personaje, enamorado de Madrid, tenemos ahora los habitantes de la capital, ya que en el Museo de Arte Contemporáneo se expone una reproducción de este despacho con todo lujo de detalles. Animaos a visitarlo y de paso el resto de la colección permanente de este Museo, que os aseguramos merece la pena conocer, porque "Aburrirse es besar a la muerte."



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